
Ya ha pasado una semana en que vimos a triunfadores y perdedores de una elección presidencial. Desde mi testera de digno perdedor, puedo indicar que más que un triunfo de la derecha, fue una seguidilla de errores nuestros, lo que no implica para nada dejar de valorar los tremendos éxitos alcanzados por los gobiernos de la Concertación, que será nuestra herencia para el Chile del Bicentenario, como el Auge, los Derechos de la mujeres y desde luego la Protección Social.
Pasaremos a ser oposición, pero ¿Qué oposición necesita Chile?, ¿Cuál es la que uno debiese ejercer?. Para responder estas dos importantes interrogantes, a mi juicio tenemos que tener presente variables que aún no se visibilizan, cual es la llegada del presidente electo a su mandato oficial; desde ese mismo segundo y en su primer discurso se podrá tomar con mayor propiedad una línea a seguir.
Si bien ya se ha esbozado un Gobierno Nacional, y restaurar “la política de los acuerdos”, que se gestaron una vez recuperada la democracia en 1990 en el gobierno de Patricio Aylwin (1990-94), se tiene que tener presente que en aquel período parlamentario las fuerzas eran uniformes y marcadas en una Alianza (oposición) y Concertación (gobierno). Tal uniformidad no será tal para el presidente electo: nuevos referentes políticos como el PRI, el partido en formación de Enríquez-Ominami, y tres escaños en la Cámara Baja del Partido Comunista, con figuras emblemáticas de su sector actuarán acorde las nuevas Políticas Públicas, Reformas y nuevos estilos de Gobierno que lleguen a La Moneda a partir del 11 de marzo de este año.
En este escenario, donde se comenzará a tejer la celebración del Bicentenario en pleno en el mes de septiembre, quedan demasiadas interrogantes e inquietudes, las cuales marcarán la forma y estilo de oposición.
Un punto, no menor de cómo será la oposición, es también analizar la postura de los partidos que hoy forman la Concertación, y ver su capacidad de reinventarse o morir. Ver como nuevos liderazgos afloran, cuál será el factor de unión y si es o no hábil para construir un proyecto país con el rol nuevo que tendrá que ejercer. De no mediar un proyecto de unión como refernte unívoco o de fuerza y coherencia interna, la derecha estará 2 ó 3 períodos en el poder, es sólo análisis estadístico electoral. En un proyecto de unión, debe primar como eje orientador los logros y avances alcanzados en los 20 años post recuperación de la democracia, defender las obras sociales e impulsar significativamente Políticas Públicas para el adulto mayor, la juventud y la clase media, y reformas a organismos estatales como el Instituto Nacional de la Juventud que debe tener rango Ministerial; el Sename con la separación definitiva entre infractores y quienes tienen medidas de protección; Conadi y la política indígena, entre otros.
Lo anterior, creo debe hacerse siempre con la mirada en el Chile que todos y todas queremos, con progreso social, con igualdad de oportunidades para quienes estudian, trabajos de calidad y respeto a la diversidad, una oposición constructiva para alcanzar mayores avances, desarrollo y libertades. Creo en esta oposición y estilo de construcción, pero acompañado de una permanente observancia.
En definitiva, ser oposición no significa atacar o revivir las políticas globales y excluyentes que nuestra historia vivió con Alessandri (1958-64), Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y Salvador Allende (1970-73), donde todo lo anterior era errado y debía cambiarse. Hoy se espera que se mejoren e incrementen los avances y logros visibles y valorados por la sociedad chilena y que nadie cuestionó en las propagandas políticas presidenciales..., sin duda esto marcará el nuevo estilo de oposición que Chile comenzará a vivir a partir del 11 de marzo del 2010.



























