
Robert Klitgaard, quien ha sido profesor asociado de Políticas Públicas de la Escuela de Gobierno JFK en Harvard, en 1998 presento en su libro Controlando la Corrupción su famosa ecuación: C=M+D-T, donde C es Corrupción, M es Monopolio, D es Discrecionalidad y T es Transparencia.
En
Casos como una simple tramitación municipal donde se conoce a quien la materializa, y éste actúa haciendo uso de sus atribuciones, comete abuso en el ejercicio de su cargo, y quien lo insta utiliza lo que se denomina tráfico de influencia. El pago por adelantar un proceso o para que se adjudique su propuesta por sobre otras ofertas, son elementos tan carentes a la probidad como el caso del que utiliza su influencia para un trámite en una oficina pública.
En la Corrupción, la gradualidad no debe considerarse causa siempre su mismo efecto, y lo que es peor, de no tomar acciones que conduzcan a disminuir el monopolio en decisiones y en su discrecionalidad, o de no generar mayores mecanismos de transparencia en los actos, quizás el retorno a la credibilidad pueda estar altamente expuesto.
La existencia en la cultura, tampoco puede ser escenario para decir que esto es por costumbre, que “el pituto” siempre ha existido o que “todos” lo practican. Hay que tener presente que en nuestra Administración Pública chilena, ha de darse un principio básico, donde debe primar el interés general, por sobre el particular.
A ratos pareciera que todo suena como corrupto o factible de no ser proba una actitud o comportamiento, pero esto debe ser así. Se tiene que actuar con firmeza frente a cualquier atisbo de que las medidas, acciones, hechos, etc. No han sido claros. No sólo se trata de ser, también de parecer.
Sin duda, el controlar la corrupción es muy factible de realizar en toda organización, sea pública o privada. Me focalizó en la pública, dado que es parte de mi experiencia laboral, y en ella se ha podido implementar testimonio frente a cinismos esfuerzos, que luego pasan a ser parte del día a día. Ejemplo de ello, son el uso de telefonía fija, donde llamados a familiares afectan minuto a minuto, cualquier presupuesto; lo mismo con la telefonía móvil, o impresiones, etc.
Recuerdo en la cátedra, de Administración Pública y ética profundizada, al profesor Patricio Orellana Vargas, explicándonos “las horas grises”, esas mismas que dedicas a hablar con familiares, hacer un trámite personal, etc. Esas horas que destino a hacer labores distintas para las que me han contratado. Un tema que vemos a diario y que nos parece muy normal.
Todo gestor, todo agente de cambio debe incorporar la ética en su actuar, la probidad administrativa de una conducta intachable ha de considerarse, como también velar por la búsqueda de mayor transparencia o garantizarla. Debe estar a la altura de la democracia y de la participación ciudadana ¿Por qué? La respuesta viene a enfrentar uno de los principales factores en que la democracia y la gobernabilidad se ven afectados por la corrupción, que en determinadas ocasiones hace florecer los populismos e incluso dictaduras.
Con agencias de gobierno con baja credibilidad por faltas a la probidad, la democracia se fragmenta y pierde valor. La participación ciudadana por su parte no sólo en la toma de decisiones vinculantes, sino también en acceso a la información pública debe ser fortalecida, sobre las variables que llevan a una u otra decisión ayudando a transparentar los procesos y por ende a disminuir actos de corrupción.
El cuestionamiento a la corrupción en la administración pública, puede también –sumado al desprestigio- disminuir la inversión privada y externa en el país, ya que se vuelve más riesgoso, por la seguridad de la inversión misma y la credibilidad país; implicando efectos inmediatos en la economía interna.
Hoy en día, gracias a las TICs, podemos difundir más nuestros procedimientos y actos públicos, aunque falta mucho porque esta conectividad llegue a todos los rincones del país, no sólo por factibilidad técnica, sino por también otros factores, como el económico y la brecha digital. No obstante, existe la disponibilidad de mayor flujo de información, lo que genera mayor transparencia, en la medida que también existan los mecanismos adecuados de control.
Finalmente, señalar que la ecuación de Klitgaard esta más vigente que nunca. Fortalecer la transparencia es tarea que se debe seguir acrecentando de la mano de mayor participación ciudadana; asimismo deben reducirse los espacios de discrecionalidad en decisiones públicas, para no tener cuestionamientos a decisiones que podrían catalogarse de arbitrarias.


























