
A un año de uno del peor desastre que la naturaleza ha dejado en la huella e historia de esta franja angosta y larga de tierra, tras el terremoto del 27F de 2010, uno se podría preguntar ¿qué conmemorar?, y creo que no hay mucho, más bien sí el profundo respeto por quienes perdieron su vida, o aquellos que siguen desaparecidos, por el gran dolor de sus familias y desde luego, aquellos que perdieron su fuente laboral, sus casas, sus recuerdos… gran parte de su historia.
Creo que el ser Gobierno demanda una enorme responsabilidad pública, y no me refiero solamente al puro hecho de enunciar promesas o políticas públicas, pero estas se encuentran rotas o se reflejan compromisos no cumplidos. No ha existido la capacidad para haber realizado procesos adecuados para enfrentar con dignidad un proceso de reconstrucción.
Y dónde esta Bob el constructor del gobierno… parece no estarlo. Es cierto que se ha avanzado en tema de conectividad de nuestras carreteras, pero esto es una obligación de privados al estar concesionadas, lo mismo con obras de acceso al elemento vital del agua; pero donde están las nuevas casas, aquellas que en principio con mediaguas eran sólo para el período de emergencia y las que hasta el día de hoy están habitadas.
Tengo la oportunidad de conocer muchas de las zonas que fueron azotadas, tanto por el terremoto como por el Tsunami, y la verdad es que la tristeza ronda por aquellos lugares.
Es cierto lo que señalaba el Arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati en cuanto existe “Indolencia”, es decir, no colocarse en el dolor del otro y ello pareciera representar al Gobierno.
No me referiré al escandaloso episodio de
Un dolor como el provocado por el terremoto es devastador, pero más dolorosos es el sentir de muchos que aclaman ayuda, aquella que esperaban con la nueva forma de gobernar, no con la del maremoto, tusunami o los 500 años de vida independiente.
La dignidad de un pueblo, debe estar latente entre quienes creemos en el Servicio Público, debe ser un valor fundamental de nuestra orientación al bien común, y por el contrario los shows mediáticos, son reflejo de todo lo contrario, es el pan y circo… aunque cuidado, la gente no perdona jamás cuando se vulnera la dignidad y se engaña y roba a la gente.
Cada rezo de un creyente, por saber de un familiar desaparecido tras el tsunami, cada llanto derramado por un familiar fallecido, cada recuerdo dejado en el hogar caído, son respetos que se deben mantener y nunca hacer muestras erráticas de políticas públicas que no son tales, quizás en intención, mas en la realidad simplemente no lo son.
A un año del 27F, creo que Bob de la nueva forma de gobernar, no se ha hecho presente, no se ve al recorrer las zonas más críticas afectadas por el embate de la naturaleza. Toda reconstrucción no es rápida, es lenta y eso es lo único que hoy es real en terreno con la gente que espera una respuesta, que sigue sufriendo.
Al gobierno lo que es del gobierno, y a la oposición apoyar lo que tenga que corresponder, ambas visiones como política de Estado, sin show, sin discursos para la televisión y sin más engaños públicos.



























